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Especulación vs. ética
lunes, 28 de noviembre de 2011

Autor: Alfredo Losada Suárez

Creo que ya estamos un poco hartos de escuchar que los países se tambalean porque la 'prima de riesgo' está rebasando los 400 puntos. Pero, ¿qué nos viene a decir esta 'prima' que llega de lejos?  Pues que las relaciones entre la economía y el desarrollo de las sociedades occidentales, se basan en un hondo sentido especulativo, sin dejar campo a la ética.

ImageY cuando en vez de la persona, lo que está en el centro de la economía es el afán de ganancia y el lucro, pese a quien le pese, y con independencia de las consecuencias negativas para miles de personas abocadas al paro, entonces el resultado es desolador. Por una parte, la mayor parte de la humanidad no tiene acceso a los bienes acumulados por una minoría, y por otra, en países como el nuestro, aumentan las desigualdades sociales y, partiendo de datos de Cáritas de Santiago, en Galicia ya hay más de cuatro mil personas (¡que se dice pronto!) que no tienen techo bajo el cual buscar acogida, por no hablar de los más de cinco millones de parados que hay a día de hoy.

Volviendo a la 'prima de riesgo', esta viene siendo lo que un país tiene que pagar de más para poder financiarse en los mercados, en comparación con otros países. Cuanto más riesgo puede haber para recuperar deuda, más alta es la prima de riesgo y más alto el tipo de interés de la deuda.

ImagePara que nos entendamos todos: en la actualidad, sería casi como que España tenga que pagar intereses del 7%, y, como comenta Ignacio Calleja, experto en moral social cristiana, en esta situación ya podemos hablar de 'prima de usura'. Es decir, el cobro de intereses desorbitados, cuando quien los ha prestado el dinero es consciente de que el deudor no está en condiciones de exigir nada, y más aún en esta situación en que se aprovecha la debilidad del euro, potenciando una situación de riesgo en los países de nuestro entorno, para promover su insolvencia.

En este sentido, tenemos el convencimiento de que, como afirma Benedicito XVI en su encíclica Caritas in veritate, en el número 45, “la economía necesita de la ética para su correcto funcionamiento, y no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona”. Y profundizando en esto, no nos valen, como así también es afirmado por el papa, que puedan existir sectores denominados 'éticos' dentro de la economía o de las finanzas, sino que “toda la economía y las finanzas sean éticas y lo sean no por una etiqueta externa, sino por el respeto de exigencias intrínsecas de su propia naturaleza”.

No cabe duda que en la actualidad, se nos antoja muy lejana una distribución de los bienes (y aquí no sólo hablamos de bienes materiales, sino también de conocimientos, acceso a la educación, etc.) que sea acorde a la razón humana y para que la humanidad tenga vida, y vida en abundancia. No obstante, hay que recordar la propuesta global de Jesús de Nazaret, que es una igualdad de todos ante Dios, que se apoya en la igualdad económica, como así se plasma a través de sus palabras (la Palabra) y sus acciones, denunciando la acumulación de las riquezas, animando a dejar el dinero para seguirlo a Él y dando esperanza a toda persona hambrienta, perseguida, pobre, pacífica, calumniada, etc.

Actitudes y vivencias de comunión de bienes que entendieron a la perfección las primeras comunidades cristianas, que tan fielmente pusieron en práctica las enseñanzas del Evangelio (“todos los creyentes se mantenían unidos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre todos, según la necesidad de cada un”, Hch 2, 44-45), partiendo de un cambio radical en sus vidas que operó en ellos la conciencia de la presencia de Jesús resucitado entre ellos.

Cuando las personas no estamos situadas en el centro de la actividad económica, todo vale, todo está permitido, desde negociar las materias primas que se producen en los países empobrecidos a futuro, es decir, decidiendo en Chicago y Londres los precios que después hay que pagar a los productores, hasta echar a la calle a miles de personas, con tal de mantener los beneficios económicos... de modo que los accionistas de empresas y bancos vean recompensado su dinero. Como dice Benedicto XVI en Caritas in veritate (nº 32) “los costes humanos son siempre también costes económicos y las disfunciones económicas comportan igualmente costes humanos”.

Pero ante tantas situaciones dramáticas, el Señor de la historia sigue ayudando a que pequeños brotes de esperanza hagan posible una economía de la solidaridad, animando a muchas personas que desde lo pequeño y sencillo rompen las ataduras de los mercados y de la opulencia.

 
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