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“Piratas y pateras” El acaparamiento de tierras en África
viernes, 23 de noviembre de 2012
Icaria Editorial acaba de publicar el libro “Piratas y pateras”, que ayuda a entender el fenómeno conocido como “acaparamiento de tierras”, proporcionando datos y cifras recientes sobre el mismo. El libro se centra exclusivamente en África, por ser el continente en el cual se han adquirido más tierras. Ciertos estudios cifran en 67 millones el número de hectáreas (la superficie conjunta de Italia y Alemania) que están o serán acaparadas en un futuro inmediato en la región. Los agentes que están participando de este negocio son empresas e inversionistas europeos, africanos, asiáticos y norteamericanos que: A- especulan con las tierras, B- desean beneficiarse y comercializar los créditos de carbono contemplados en el Protocolo de Kyoto, y sobre todo C- anhelan controlar la producción agrícola para hacer negocio del consumo voraz de recursos por parte de las naciones pudientes (sobre todo alimentos y agrocombustibles).
Asimismo, existe un elevado número de inversionistas de China, India o algunos estados árabes,  que ante los problemas por el acceso al agua y a tierras fértiles en sus países, también están explotando los recursos africanos. Por regla general, el acaparamiento de tierras viene acompañado por un acceso ilimitado a los recursos hídricos.

Como se indica en el libro -que ha sido financiado por la Cátedra “Tierra Ciudadana - Fondation Charles Léopold Mayer” de la Universitat Politècnica de València- para algunos organismos como la FAO “…el acaparamiento de tierras es una inversión que para las naciones empobrecidas deparará, supuestamente, ciertos beneficios: puestos de trabajo, transferencia tecnológica, infraestructuras rurales, mejora de la productividad agraria para el consumo local, seguridad alimentaria, etc.”

“Piratas y pateras” recalca que dichas premisas solidarias se van desvaneciendo conforme avanza el tiempo: Decenas de miles de personas han sido desalojadas de sus tierras, algunas de ellas violentamente. Se están generando menos puestos de trabajo de los previstos y muchos son precarios, por eso ya se han registrado las primeras huelgas de trabajadores agrícolas. Además, con el fin de garantizar los recursos hídricos a los inversionistas, se están alterando cauces de canales, ríos, etc. afectando así a muchos poblados locales que ya no tienen agua para sus cultivos de subsistencia, a la vez que se generan impactos ambientales considerables en determinados ecosistemas. También se han documentado juicios políticos contra campesinos que se resistían a abandonar sus tierras y sus modos de vida.

El acaparamiento de tierras en África es especialmente grave porque, como se apunta en el trabajo “…el 70% de su población depende de la agricultura y un 33% vive en una situación de inseguridad alimentaria. Según la FAO este continente acoge una tercera parte de los hambrientos del mundo (307 millones) situándose una cuarta parte en el África Subsahariana (265 millones).” No hay que olvidar las dos recientes crisis alimentarias que afectan a millones de personas en el “Cuerno de África” y en el “Sahel”. En la mayoría de naciones flageladas por estas hambrunas se han detectado millones de hectáreas acaparadas, pero “Piratas y pateras” ha ido más allá, consiguiendo reportar datos de 35 países africanos.

El libro aborda con especial interés el principal problema que están enfrentado los campesinos africanos para paliar este despojo: el relativo a la tenencia de la tierra, pues generalmente no existe la propiedad privada tal cual la conocemos. La mayoría de casos de acaparamiento son arrendamientos que van desde los 2 a los 99 años, y muchos vienen acompañados de ventajas fiscales para alentar la inversión extranjera. El precio al cual se arrienda la tierra es ridículo, porque en naciones como Mozambique, Tanzania o Zambia se ha tasado la hectárea a un precio menor a un dólar por año.

ImageEs importante subrayar la opacidad reinante en la mayoría de negociaciones entre los inversionistas y los estados implicados. Incluso se han detectado dos casos de inversionistas que mantienen vínculos con “señores de la guerra” y grupos armados (sobre este punto puede obtener más información en mi artículo “El jefe de la mafia”).

 

Contexto socioeconómico: La tierra, el último eslabón por conquistar:

En tiempos de crisis, la agricultura se está consolidando como una inversión rentable pues se puede dejar de pagar la hipoteca o internet, pero comer es necesario en un mundo donde la población crece exponencialmente y en donde los agrocombustibles se han vendido como una opción para contrarrestar el cambio climático. Unas pocas empresas ya controlan casi todos los eslabones de la cadena agroalimentaria: semillas, agroquímicos, transformación, distribución, venta, inversión en mercados de futuros, etc. En este contexto, la tierra es el último eslabón por conquistar dentro del gran negocio agroalimentario y muchos inversionistas buscan garantizarse su ración de beneficios dentro de este apetitoso mercado. El actual incremento de precios de las materias primas agrícolas, debido al incremento de la inversión financiera en los mercados de futuros, es otro factor que estimula el interés por la tierra y la producción agraria (en la introducción del libro se detalla este apartado minuciosamente y con datos).

Es lamentable que miles de africanos estén siendo expulsados de sus tierras por empresas e inversionistas europeos, cuando los agricultores europeos están abandonando las suyas y engrosando las listas de desempleados, debido a la falta de rentabilidad, originada en unos precios de compra irrisorios que impone un pequeño oligopolio de distribuidores, intermediarios y supermercados; todo ello, con el beneplácito de los gobiernos y en nombre de una libertad de mercado… que arruina a las personas.

En tiempos de crisis la agricultura podría ser una fuente de trabajo inacabable en España y Europa, pero las políticas agrícolas en las últimas décadas han favorecido la exterminación del tejido rural tradicional, la concentración de la tierra en manos de unos pocos y la deslocalización de la producción a naciones donde se puede explotar la mano de obra y los recursos naturales. En una sociedad puramente mercantilista, la agricultura ha dejado de ser una actividad que proporciona trabajo y alimentos, para transformarse en un negocio más donde lo importante es el beneficio y no el hambre y el desempleo.

Aun hoy y a pesar de la situación grave que atraviesa España, no se vislumbra ninguna luz en este largo túnel. Más bien todo lo contrario, pues las principales fuerzas políticas españolas (PP y PSOE) se posicionaron a favor del Acuerdo Bilateral entre la UE y Marruecos para liberalizar el comercio de productos agrícolas y pesqueros. Este tratado, ampliamente rechazado por casi todas las organizaciones agrarias españolas, supondrá según estas, el tiro de gracia definitivo a la agricultura española. Nótese como la liberalización comercial con Marruecos podría significar el libre tránsito de mercancías agroalimentarias provenientes de África, lo que beneficiaría e incitaría el acaparamiento de tierras en dicho continente (para más información sobre este tratado, leer mi artículo “Tres mitos y un destino”).

Con las tierras acaparadas y las barreras comerciales derribadas, solo queda por resolver el apartado logístico, y para ello, las autoridades europeas y españolas analizan dos posibles corredores (el “central” y el “mediterráneo”). Es curioso porque existe un debate para ver cuál de los dos es el más apropiado, pero en ambos casos el punto de partida es el puerto de Algeciras, situado a escasos kilómetros de África. A pesar de las benevolencias que se han dicho sobre estos corredores, no hay duda de que esta infraestructura permitirá el transporte y el comercio de productos agrícolas provenientes de África. Tampoco hay duda que con estas medidas comerciales y con estas obras serán los pequeños agricultores europeos y africanos los que salgan perdiendo… ¿Quién se beneficia? Los de siempre. 

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Más información del libro, comunicarse con el autor o entrar en “Piratas y pateras”.

Vicent Boix es investigador asociado de la Cátedra “Tierra Ciudadana - Fondation Charles Léopold Mayer”, de la Universitat Politècnica de València. Autor de los libros “El parque de las hamacas” y “Piratas y pateras”.  Otros artículos y más datos del autor aquí.

 

EL GRAN NEGOCIO AGROALIMENTARIO

(Texto correspondiente a la Introducción del libro Piratas y pateras)

 

Por Vicent Boix

-Investigador asociado de la Cátedra “Tierra Ciudadana - Fondation Charles Léopold Mayer”, de la Universitat Politècnica de València. Autor de los libros El parque de las hamacas y Piratas y pateras. Artículo de la serie "Crisis agroalimentaria"-

19 de noviembre de 2012

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Tradicionalmente, el campesinado se ha caracterizado por cultivar alimentos destinados al consumo propio y a los mercados locales, llevando a la práctica un tipo de agricultura respetuosa con el medio ambiente y cimentada en unos conocimientos agronómicos que se han transmitido de generación en generación. En muchos lugares el campesino o pequeño agricultor, con el tiempo se fue abriendo al mercado. El objetivo ya no era cultivar para comer, sino hacerlo para vender la siembra y poder comprar la comida y otras necesidades. La denominada “revolución verde”, acaecida a mediados del siglo XX, favoreció este proceso ya que consiguió aumentar la productividad, gracias a la mecanización del campo y a la utilización de semillas mejoradas y productos químicos. El otrora agricultor libre, se hizo dependiente de los “paquetes tecnológicos” y de las exigencias de los mercados.

Inicialmente muchos pequeños agricultores lograron sobrevivir e incluso progresar, aunque con la expansión de las políticas neoliberales, la agricultura tradicional y campesina ha entrado en una clara recesión. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), la agricultura ocupaba al 52% de la población económicamente activa a nivel mundial entre los años 1979 y 1981, porcentaje que disminuyó hasta el 40% en 2010. Igualmente, la población rural mundial que en 1979-81 sumaba el 61% del total cayó en 2010 hasta el 49%.1 Por el contrario, en ese mismo intervalo de tiempo las exportaciones y las importaciones agrícolas se multiplicaron por cinco, lo que viene a indicar que el modelo agrícola exportador e intensivo está expulsando a los agricultores del campo.

ImageY es que el principal problema que enfrenta la agricultura agroexportadora, entendida como una mercancía más dentro del supermercado global, es que las diferentes fases de la cadena agroalimentaria (semillas, insumos, intermediación, distribución, transformación, venta, etc.) se concentran cada vez en menos manos, y esta situación de oligopolio da fuerza a estas “manos” que determinan todo tipo de condiciones.

Según la Rural Advancement Foundation International (renombrada como “Grupo ETC”) el 67% del comercio mundial de semillas era manejado en 2007 por 10 grandes multinacionales (DuPont, Syngenta, Limagrain, Bayer, etc.). Solo Monsanto detentaba casi el 25%. De acuerdo con la misma fuente, 10 empresas controlan el 89% del comercio de agroquímicos (Bayer, Syngenta, Dow, Monsanto, etc.). De ellas, las seis más poderosas también participan del negocio de las semillas.2 

En 2008, año en el que se produjo la primera de las crisis alimentarias de este siglo XXI, las empresas transformadoras lograron importantes réditos según la Genetic Resources Action International (GRAIN): “…las ganancias de Nestlé de 2008 subieron un impresionante 59 por ciento, y el incremento de Unilever se acercó al 38 por ciento”.3 Durante esos meses también aumentaron los precios de los agroquímicos, por eso muchos agricultores no pudieron adquirirlos y sus plantaciones intensivas sufrieron pérdidas. Pero, Monsanto aumentó sus beneficios un 120% respecto a 2007, Bayer un 40%, Syngenta un 19% y Dow un 63%.

Estos eslabones de la cadena alimentaria (agroquímicos y semillas) no son los únicos que han logrado aumentar sus réditos. Otro muy importante, que ha provocado la desesperación de millones de agricultores es la intermediación, es decir, el eslabón que acerca los alimentos del campo al supermercado. La situación en este caso es similar a los anteriores. Unas pocas empresas, tanto a nivel nacional como internacional, están situadas entre millones de agricultores que producen alimentos y millones de consumidores que los adquieren. Algunas de ellas los transforman, y según ETC, el 26% del mercado mundial de comestibles empaquetados es colmado por 10 transnacionales (Nestle, Pepsico, Kraft, Coca-cola, Unilever, Danone, etc.).4 En frutas y verduras sin transformar, la intermediación es entre los mayoristas y minoristas, y en otros casos es la distribución moderna (supermercados) quién adquiere directamente los productos del agricultor o del mayorista.

En cualquiera de los tres casos mencionados, la tónica general es que la intermediación, la transformación o la distribución moderna, haciendo gala de su posición dominante en la cadena alimentaria, imponen unos precios de compra irrisorios al agricultor y se los incrementa al consumidor logrando una plusvalía en algunos casos insultante.

Las materias primas en el siglo XXI, una gran inversión

En las últimas décadas, la desregulación en los mercados provocó que las inversiones productivas en la economía real fueran perdiendo peso en favor de las inversiones financieras, que acamparon en diversos mercados para succionarlos y luego escapar de las crisis que creaban en busca de nuevos mercados. A la inversión financiera se le achaca, entre otras, la “burbuja de las punto.com” y la “crisis de las subprime”.

En la búsqueda de inversiones seguras el capital financiero aterrizó en los mercados de futuros, donde alimentos y materias primas agrícolas son una parte muy importante del mismo (también se negocia con petróleo, metales, etc.). Como ejemplo podríamos plantear el siguiente caso hipotético: una cooperativa de agricultores acude a uno de estos mercados y, tras negociar con una empresa de harina, vende 30 toneladas de trigo, a entregar en enero de 2014 y a un precio de 225 dólares la tonelada. Para ello se firmaría un “contrato de futuro”, es decir, un título en el que se detalla la transacción. Importante subrayar que en los mercados de futuros no se negocian mercancías físicas (trigo) sino contratos para vender/comprar mercancías físicas futuras (trigo en enero de 2014).

Estos mercados nunca estuvieron exentos de la especulación y otras prácticas alejadas del comercio real de materias primas, ya que los contratos sobre mercancías futuras dan mucho margen a la variación de precios antes de la fecha de entrega real. Pero como se decía, diversas medidas liberalizadoras junto a crisis en otros mercados, originó que el capital financiero (fondos de cobertura, de pensiones, etc.) invirtiera a gran escala en los mercados de futuros. Los activos financieros en materias primas crecieron de los 5.000 millones de dólares en el 2000 a 450.000 millones en 2011.5

Desde entonces el mundo vive en tensión debido al incremento de los precios de los alimentos que originó una crisis alimentaria en 2008 y otra inacabada en 2010 que está causando estragos en el Cuerno de África y el Sahel. Desde el principio se intentó esconder el motivo real de las crisis y se argumentó que la causa era el desequilibrio en la oferta y la demanda de alimentos, aunque con el tiempo y ante los hechos la realidad se hizo visible. Como se ve en la gráfica, existe una relación palpable entre la actividad inversora y el incremento de precios. Y la realidad es que mientras en el África Subsahariana está muriendo gente de hambre, el grupo de inversión Goldman Sachs ganó más de 5.000 millones de dólares en 2009 especulando en materias primas, lo que supuso un tercio de sus beneficios netos.6


 

Elaboración propia con datos de GRAIN, FAO e Instituto Internacional de Finanzas.7

La tierra, el último eslabón por controlar

La cadena agroalimentaria en un gran y suculento negocio. Así lo demuestran los balances de ciertas transnacionales, como también queda claro tras analizar el vertiginoso aumento del capital financiero en los mercados de materias primas. Para los inversionistas el futuro es muy esperanzador. Saben que la gente puede dejar de pagar su hipoteca pero siempre tendrá que alimentarse. Además se ha normalizado, se ha institucionalizado y se ha aceptado sin rechistar, un incremento de los precios de los alimentos (y su volatilidad) que se creó artificialmente en los mercados. Desde organismos como la FAO se anuncia y se asume sin más, que la humanidad enfrentará una época de alimentos caros aunque ello suponga aceptar un status quo en el que millones de personas pasan hambre.

Si bien todavía no hay escasez, la ecuación entre la oferta y la demanda de alimentos y materias primas agrícolas tenderá a comprimirse si no se toman medidas, porque sigue creciendo exponencialmente la población mundial, y sobre todo, porque el futuro energético de los países ricos dependerá de los agrocombustibles, todo ello, en un planeta amenazado por un cambio climático que está comprometiendo la capacidad hídrica de muchas naciones, degradando los suelos, alterando la productividad y afectando los rendimientos en diversas zonas típicas de cultivo.

La idea esencial es que, en tiempos de crisis económica y recesión, resulta que la agricultura se presenta como un mercado apetitoso y con un prometedor futuro. La demanda está más que asegurada, es más, crecerá vertiginosamente. La propia FAO ha estimado que la producción mundial de alimentos se deberá duplicar para el año 2050.

La oferta, por el contrario, es el gran pastel a dividir y por ello naciones, inversionistas y transnacionales empiezan a mover fichas para garantizarse su porción. Teniendo en cuenta que ciertos eslabones de la cadena alimentaria exportadora ya están acaparados por multinacionales (semillas, intermediación, etc.) y teniendo en cuenta que los mercados de futuros están atiborrados de inversionistas y especuladores, solo queda un eslabón por conquistar: la tierra.

Esta es imprescindible y hasta el momento es un recurso natural que, dependiendo de países, puede ser más o menos accesible para la ciudadanía. El campesino y pequeño agricultor puede eludir las semillas patentadas, los agroquímicos y los canales tradicionales de distribución; mientras que el consumidor puede evitar las grandes superficies comprando alimentos sanos y de temporada directamente al productor. Para que sigan activos estos canales sostenibles y agroecológicos solo hace falta la tierra, que ahora, está en el punto de mira del capital. He aquí la gran amenaza para la soberanía alimentaria, especialmente en las naciones y comunidades empobrecidas que suelen auto abastecerse a través del auto consumo y de los mercados locales.

 

 

1- Anuarios estadísticos de la FAO 2004 y 2010.

2- ETC: “¿De quién es la naturaleza?”, noviembre de 2008.

3- GRAIN: “Las corporaciones siguen especulando con el hambre”, abril de 2009.

4- ETC: “¿De quién es la naturaleza?”, noviembre de 2008.

5- GRAIN: “El negocio de matar de hambre”, 28 de abril de 2008 y LA CAIXA: “Especulación en los mercados de materias primas: ¿culpable o inocente?”, Informe Mensual octubre 2011.

6- KNAUP, H., SCHIESSL y M., SEITH Y.A.: “El hambre cotiza en bolsa”, en El País, Madrid, España, 4 de septiembre de 2011.

7- LA CAIXA: “Especulación en los mercados de materias primas: ¿culpable o inocente?”, Informe Mensual núm 350, Octubre 2011.

 

PIRATAS Y PATERAS, VICENT BOIX, Icaria Editorial, ISBN 978-84-9888-461-6
 
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