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Reacciona! La lucha no violenta supone el bien común!
miércoles, 07 de noviembre de 2012

ImageHace unas semanas vi una foto como ésta en algún periódico. Quedé alucinado. La foto es real, fue tomada en el centro de Madrid. La fecha es del martes 25 de septiembre.

Me consta que Miguel Quinteiro, vigués de 68 años, con el que he compartido alguna mesa redonda para hablar de banca ética, fue como miles de personas a expresar su abatimiento ante los políticos de turno, más preocupados por ellos mismos que por los problemas de los más excluidos de la sociedad. Su actitud en todo momento fue de no-violencia, como así lo acreditan varios vídeos en internet.

Vamos, que a mí me recuerda a uno de los defensores de la no-violencia activa, como Mahatma Gandhi, del que seguramente habremos oído hablar. Frases de él como “Ojo por ojo, y todo el mundo acabará ciego” o “La violencia es el miedo a los ideales de los demás” son reflejo de una vida comprometida por los derechos de los empobrecidos, que muchas veces tuvo enfrente nada más y nada menos que a la Gran Bretaña de la primera mitad del siglo XX.
 
Habrá gente que esté más o menos de acuerdo con las concentraciones ciudadanas delante del Congreso de los diputados de ese día, pero lo que no puede ser es que paguen justos por pecadores, no puede ser que el fin justifique los medios (la violencia). Y esto, que es predicable para cada ciudadano, pues ser pacífico es ser humano, resulta más deplorable cuando hablamos del estado, que se manifiesta exteriormente a través de las fuerzas y cuerpos de seguridad, tanto sean policías ordinarios como antidisturbios. Otra cosa es que las órdenes emitidas sean justas o no, es decir, que se incida en la represión pura y dura sin tener en cuenta la dignidad de los ciudadanos o no, pero eso lo dejamos para otro momento.
 
Estamos inmersos más en una civilización de la muerte que de la vida. En muchos lugares del mundo no se dan unas mínimas condiciones para vivir, por falta de agua potable, comida, enseñanza, medicinas, etc. Y es tanto más sangrante si tenemos en cuenta los miles de millones de euros o dólares que se dedican día sí y día también a gastos inútiles, superfluos e incluso perjudiciales para los seres humanos.
 
La postura digamos que razonable podría ser la de emplear la violencia para intentar conseguir la paz. Incluso en el catecismo de la iglesia se habla de la legítima defensa y de la “guerra justa” en determinadas situaciones, como último medio a emplear. Asimismo, hay realidades tan clamorosas, en las que manda la “tiranía evidente y prolongada, que atenta gravemente a los derechos fundamentales de la persona y daña peligrosamente el bien común del país” donde la violencia puede tener sentido (cf. Populorum progressio, 30).
 
ImagePero despues está la postura lógica: la violencia genera más violencia, el hecho de enfrentarse empleando unos métodos no dialogantes provoca más opresión, y genera en el otro una sed de venganza. Por otra parte, la historia bien nos dice que cualquier posición imperialista o totalitarista que intenta ser predominante, tarde o temprano acaba explotando, por fuera o por dentro.
 
La mansedumbre hecha vida por muchas personas, comenzando por Jesús de Nazaret, que fue manso hasta la muerte en la cruz, no quiere decir que no se dejen de denunciar las injusticias. Pero sí muestra un desprendimiento personal, aunque uno sufra padecimientos, por un valor superior: el amor a los demás. Y esta actitud vital de no-violencia es la que mueve el mundo, la que fomenta vivencias humanizadoras, la que ayuda a que las personas podamos tener los mismos derechos, negros y blancos, hombres y mujeres. Ante la violencia estructural, actuemos con métodos pacíficos, para que el mundo avance.
 
Una forma real de lucha y de transformar la injusticia y miseria globalizada que sufre la mayor parte de la humanidad es trabajar en iniciativas como la hipoteca social sobre la propiedad privada. Es mucho más que un tostón filosófico. Si digo que hablaré de si es justo o moral el robo en un supermercado, entonces subimos las antenas y nos preparamos para vigilar todas y cada una de las palabras que se van a verter en este artículo. Hablaremos de las dos cosas, que tienen mucho que ver entre sí.
 
No por ser más conocido, vamos a sacar hilo de la noticia que sacudió portadas de periódicos el pasado mes de agosto y que sigue dando juego mediático. Docenas de trabajadores cogen un carro en un supermercado, meten artículos de primera necesidad (leche, pan, etc.) y salen sin pagar. Acto seguido hacen lo mismo en otro súper. Inmediatamente, van a un banco de alimentos y depositan todos los objetos sustraídos.
 
A nivel legal, la conducta parece antijurídica y, por lo tanto, después de un proceso judicial, lo lógico sería una condena de las personas que formaron parte de la toma. A nivel moral... podemos acudir a lo que nos dice el Catecismo, en el nº 2408: “No hay robo si el consentimiento puede ser presumido o si el rechazo es contrario a la razón y al destino universal de los bienes. Es el caso de la necesidad urgente y evidente en que el único medio de remediar las necesidades inmediatas y esenciales (alimento, vivienda, vestido...) es disponer y usar de los bienes ajenos.”.
 
Image¿Y esto por qué se proclama? ¿Por piedad o conmiseración hacia los más pobres? En absoluto. Más bien por el principio de que todas las cosas, toda la creación, debe servir a la humanidad entera, y nadie puede ser excluido ni de ella ni de las cosas que proceden de sus frutos. Además, un Dios generador y fuente de la vida no quiere que las persoas sufran por no poder vivir con dignidad. Se trata, pues, del principio del destino universal de los bienes, por el que las posesiones que ostenta cada persona, deben estar al servicio de los otros, con más razón cuando la situación de injusta distribución de la riqueza es tan clara.
 
La tradición y los santos padres ya señalaban la inmoralidad de determinados actos, y por poner un ejemplo, comentaba Santo Tomás de Aquino: “Y si la necesidad de alguien es tan grave y tan urgente que hay que remediarla con lo primero que se tenga a mano…, entonces cualquiera puede remediar su necesidad con los bienes de los demás, tanto si los quita de modo público como secreto; y esta acción no reviste carácter de robo ni de hurto” (Summa Theologica, 2ª 2ªe, cuestión 76).
 
González Faus, en una carta dirigida al ministro de interior, comentaba que el gobierno pretende hacer recortes, para reunir 65.000 millones de euros, pero al mismo tiempo en nuestro país hay 16 personas con una fortuna de cerca de 60.000 millones de euros. ¿La crisis creada en parte por los bancos la tienen que pagar los más débiles o aquellos que se han beneficiado económicamente de este capitalismo salvaje?
 
¡Y ojo! Que el Catecismo (nº 2409) también indica que son contrarias al séptimo mandamiento determinadas acciones, como pagar salarios injustos, elevar los precios especulando con la necesidad del otro o hacer variar artificialmente la valoración de los bienes con la finalidad de obtener un beneficio en detrimento ajeno; la corrupción; la apropiación y el uso privados de los bienes sociales de una empresa; los trabajos mal hechos; el fraude fiscal; los gastos excesivos; la dilapidación. ¿Contra las persoas que cometen todas estas otras acciones vamos a hacer el mismo juicio que con los trabajadores que llevaron comida a un banco de alimentos? Silencio.
 
Esto de los súper son tortas a nuestra conciencia y, sobre todo, a la de los gobernantes que parecen pensar más en sus intereses que en los de los más débiles. Pero es necesario que reine la solidaridad por encima del individualismo. Nos lo exigen Jesús y los pobres. Y otro día hablaremos de la distribución de bienes a través de las cadenas alimentarias, que también es harina de otro costal.
 
Autor: Alfredo Losada Suárez
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