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Deuda externa, deuda eterna, deuda inmoral, deuda ilegítima...
martes, 09 de octubre de 2012
Hoy toca hablar de la deuda externa. Ya aviso para que nadie se lleve a engaño. Eso sí, intentaremos hablar en términos que todos consigamos entenderlo, que tampoco controlo mucho de esto. ¿Sabéis cómo comenzó el asunto este? Pues con los petrodólares, que así es como se llamaban a los dólares que procedían de la venta del petróleo. El precio de este “oro negro” creció como la espuma allá por el 1973, y al mismo tiempo lo hicieron las finanzas de los países productores de esta materia prima. Resultado: grandes fortunas para unos pocos y el aterrizaje de bancos privados para dar acogida a las ingentes cantidades de dinero que se movían, para después poder prestar mucho dinero a intereses reducidos.
El siguiente paso dado fue que los países productores de petróleo (y bancos) pensaron: ¿qué hacemos con tanto dólar? Pues moverlo, y de este modo esos países productores de petróleo ofrecieron dinero a países de todo tipo, a tipos de interés muy pero que muy bajos. Claro que más del 60% de los créditos fueron destinados a los países más empobrecidos del mundo.

El desastre ya se venía venir, y es que a finales de los '70 comenzaron a elevarse los tipos de interés, hasta cuatro veces más, y ya en los '80 los países del Tercer Mundo adquirieron nuevos préstamos con la intención de pagar las deudas que nadie era capaz de pagar. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entre otros, hicieron lo que se hace ahora en Europa: promover ajustes, recortes estructurales, etc., de modo que en muchas naciones africanas y de otras regiones del planeta más del 50% del Producto Interior Bruto se dedicaba en exclusiva a pagar deudas con los bancos.

Podemos imaginarnos cuántas personas murieron de enfermedades fácilmente evitables, de hambre, de pobreza extrema, de guerras apoyadas por gobiernos occidentales (y muchos ganaron dinero vendiendo armas, y más aún cuando se vendía ambos bandos). Se fomentaron los monocultivos y las poblaciones locales dejaron su forma tradicional de subsistencia para producir en extensivo, con un sólo producto, para poder vender fuera e intentar saldar las deudas. Otras consecuencias fueron las hambrunas y también la dependencia exterior, que la mayoría de las veces perjudica a quien se pretende ayudar, introduciéndolo en el círculo de la pobreza.

ImageCulpa de la banca, de los países de nuestro entorno que se lucraban con el comercio internacional, de los países productores de petróleo y también, por no faltar a la verdad, mucha también de los gobernantes locales. Allá por 1999 se decía, que “entre las múltiples causas que llevaron a una deuda extrerna abrumadora deben señalarse no sólo los elevados intereses, fruto de políticas financieras especulativas, sino también la irresponsabilidad de algunos gobernantes que, cuando contrajeron la deuda, no reflexionaron suficientemente sobre las posibilidades reales de pago, con la agravante de que sumas ingentes obtenidas mediante préstamos internacionales fueron destinados a veces al enriquecimiento de personas concretas, en vez de ser destinadas a sostener los cambios precisos para el desarrollo del país. Por otra parte, sería injusto que las consecuencias de estas decisiones irresponsables pesaran sobre quien no las tomaron.” (Exhortación Ecclesia in America, dada por Juan Pablo II).

Mucha diferencia no parece haber con la situación actual en nuestro entorno. Pero ojo, cuando se dice que es injusto que muchos se vean en la obligación de pagar el mal de unos pocos, se recupara un concepto olvidado: deuda odiosa, que viene a decir que el pueblo no es responsable de las deudas en las que se metieron los gobernantes, y que fueron impuestas por la fuerza. Lo cual nos lleva a meditar si no será que intentan convencernos a troche y moche de que todos debemos ajustarnos a un traje que alguien, que se lucró comprando trajes, metió en la lavadora y encogió. ¿Debemos adelgazar o no podemos vestirnos una camisa y un pantalón?

Jean Ziegler, vicepresidente del Consejo consultivo de Derechos Humanos de la ONU, afirmó hace menos de dos meses: “Vivimos en un orden mundial criminal y caníbal, donde las pequeñas oligarquías del capital financiero deciden de forma legal quién va a morir de hambre y quién no. Por lo tanto, estos especuladores financieros deben ser juzgados y condenados, reeditando una especie de Tribunal de Núremberg”. Puede sonar duro. Puede parecer que lo que se afirma va contra las leyes. Pero recordemos a aquél que decía que la persona está por encima de la ley. Quien se apartaba de las normas impuestas, para defender la dignidad de la persona. La ley no quiere decir la verdad. Y en un sistema injusto, los cristianos debemos luchar por la vida y por defender a los más marginados e indefensos.

Autor: Alfredo Losada Suárez.

 
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