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“Los poderes occidentales desean que la revolución árabe fracase”
miércoles, 01 de agosto de 2012
Autora: Silvia Melero. 02-07-2012

Entrevista a Basel Ramsis, cineasta egipcio

Ha sido testigo directo de la revolución egipcia y le sigue tomando el pulso al proceso cada vez que viaja a El Cairo, su ciudad natal. El cineasta Basel Ramsis vive en Madrid y es autor de los documentales Columpios y El otro lado… Un acercamiento a Lavapiés. Articulista y colaborador de diversos medios, entre ellos El Huffington Post, insiste en que no es bloguero pero sí activista. Ha vivido en primera persona la lucha popular que estalló en enero de 2011 en la plaza Tahrir, la represión, la caída de Mubarak, las dificultades del cambio real del sistema, dentro de un contexto amplio de transformaciones en los países árabes.

 


Tendemos a meter todo en el mismo saco, ¿es correcto hablar de las revoluciones árabes en general?
Se puede hablar de una ola revolucionaria en el mundo árabe, hay una ola de cambios que pueden ser radicales. Túnez, Egipto, Yemen, Siria, Libia, Marruecos, Argelia, Líbano, Jordania… En varios lugares empezaron protestas y no en todos han acabado igual. A pesar de los matices, sí uso el término revoluciones árabes.
Túnez y Egipto son los dos ejemplos que tienen más de revolución, consiguieron algo y lo van desarrollando. El caso de Egipto es más complicado por motivos históricos, sociales, económicos, pero coincido con muchos pensadores árabes en que se pueden conseguir cosas muy importantes a nivel de cambio real. Libia convirtió la revolución en una guerra civil, Siria es otro caso totalmente distinto. Hay que verlo extendido en el tiempo. Vamos a seguir hablando de esto durante años. Las olas revolucionarias no son lineales. Todos los días hay batallas, fracasos y logros.

Lo que no le gusta es lo de primavera árabe…
Gente muy ajena al mundo árabe le ha puesto el nombre de primavera árabe. Se cogen términos que llevan una connotación política e ideológica clara y lo usamos sin pensar. Si hablas sobre primavera, a una mente occidental le vienen a la cabeza dos momentos históricos; la primavera de Praga y mayo del 68. No son revoluciones. Mayo del 68 es una revuelta puntual de los jóvenes y trabajadores franceses, fracasó y no consiguió más que un cambio cultural. Los gobiernos de Francia hoy, dentro del mismo sistema, son los mismos jóvenes del 68. La primavera de Praga fracasó. Es decir, estamos hablando de cosas que ocurren en pocas semanas y acaban. Una revolución es un cambio radical y real en un sistema político, social y económico.

¿Hay un deseo de que fracasen?
Claramente, en los poderes europeos y norteamericanos desde la revolución tunecina veo un deseo de que fracasen. Francia mandó armas a Ben Ali para atacar a los manifestantes, EEUU intentó salvar a Mubarak y su régimen, la cúpula militar que asesina a gente en Egipto está apoyada por EEUU y la UE. Incluso en operaciones económicas del FMI se intenta limitar lo máximo el efecto de estas revoluciones.

En ese desconocimiento sobre el mundo árabe, ¿qué papel ha jugado el 11-S en la fractura social y la brecha que hay entre países musulmanes y países occidentales? ¿Qué puentes se pueden tender para recuperar las relaciones y la confianza?
Nunca he creído en los discursos del choque de civilizaciones y la guerra del bien y del mal. Eran discursos necesarios en EEUU para encontrar un enemigo después de la caída de la Unión Soviética. Les ha salido bien. No hay ningún problema entre civilizaciones ni entre religiones, la cultura en general no separa, la cultura une. A través de la cultura tú y yo nos conocemos, a través del conocimiento podemos hablar mejor, convivir. Lo que está en choque son los intereses. Viene entonces la islamofobia, el racismo… Yo no soy musulmán, vengo de una familia copta pero no soy creyente. Por tanto, no voy a dar un discurso religioso. La islamofobia permite crear un enemigo y, a su vez, controlar más los recursos del otro. ¿Quién hace en EEUU un discurso en contra de Arabia Saudí? Nadie. Pero se hacen contra Irán. Sólo por intereses económicos, por la competencia que está haciendo Irán en la zona, por el control del petróleo. Aunque el régimen de Arabia sea peor que el iraní, es un aliado de EEUU y Europa, es la base militar más importante para EEUU después de Israel. Los tanques de Arabia entraron en Bahrain para arrasar una protesta pacífica y nadie ha dicho nada.

Image¿Hay miedo a que los pueblos se emancipen?
Si yo soy libre, voy a gestionar mis propios recursos y mis bienes mucho mejor. Empiezo a entrar contigo en una relación entre dos iguales, no voy a ser esclavo tuyo, no me vas a robar mis recursos. Egipto históricamente por motivos geoestratégicos es el líder del mundo árabe. Si hay un cambio positivo, democrático, progresista, hacia una justicia social, esto va a ser contagioso en la zona. A los países occidentales no les interesa que haya regimenes democráticos progresistas en el mundo árabe. Si las revoluciones llegan a la zona de El Golfo, donde está el petróleo, vamos a controlar el gas que le regalamos a Israel y que éste vende. Porque vamos a poner reglas distintas. Porque si hay un régimen democrático en Egipto, tiene que anteponer los intereses de los egipcios. La vaca de la que se coge la leche gratis no va a seguir. Pero las relaciones entre ciudadanos serán más sanas y más cercanas, porque empezaremos a conocernos de verdad, sin entrar en conflicto a través de los Estados que se roban entre sí. La democracia real (no cualquier modelo que se dice democrático) significa que me abren las ventanas, puedo conocerte mejor, leer tu literatura, escuchar tu música, ver tu cine y que tú conozcas el mío. Tiene más que ver un obrero español con un obrero egipcio que con un empresario español.

¿Hemos exagerado el papel que han jugado las redes sociales e Internet en las revoluciones árabes?
Damos por supuesto que todo el mundo está conectado y eso no es cierto. Los egipcios son 85 millones de personas, 40% bajo la línea de la pobreza. Hay egipcios hoy que mueren literalmente de hambre. Hay 74 millones de líneas de telefonía móvil. Hay personas con tres líneas y muchos que no tienen ninguna. Se habló de la revolución de facebook. Sólo 8 millones tienen alguna relación con redes sociales, el 10% de la población. Se estima que 22% de la población tiene acceso a Internet. No significa que lo usen. El facebook, los blogueros jugaron un papel importante, daban información alternativa. Yo estuve presente, participé, pero todos sabíamos que, aún con cinco millones de personas ocupando el centro de El Cairo, la plaza sola no podía derrocar a Mubarak. Porque la plaza muere poco a poco. Se convirtió en un símbolo pero no es la revolución. Lo que acabó con Mubarak es un elemento muy importante que empezó el 6 de febrero, huelgas de trabajadores, funcionarios en todas partes, ocupaciones de fábricas, de empresas, empieza a costar mucho, se inicia un camino para parar completamente un Estado día tras día.

La plaza llamó la atención de Occidente, hizo que durante 18 días el mundo mirara a Egipto, pero esa revolución no nació de la noche a la mañana…
Exactamente. La revolución egipcia surge por una injusticia social muy dura durante los últimos 40 años, una situación económica difícil, un país robado, la tiranía de un Estado. Hubo efecto contagio de Túnez, hubo antecedentes: el joven asesinado seis meses antes por dos policías, la huelga del 6 de abril de 2008, por primera vez la gente en la calle rompe y quema las fotos de Mubarak, la policía matando obreros y deteniendo a cientos de personas. Desde el año 2000 hay una serie larga de manifestaciones, huelgas en todos los sectores. Había un movimiento obrero, estudiantil y campesino, se estaba preparando el ambiente.

Pasa todo eso y enseguida Europa y EEUU quieren llevar de la mano, dar las recetas de la democracia y enseñar cómo se tienen que hacer las cosas… ¿No confiamos en la madurez de otros pueblos para crear sus propios modelos de desarrollo?
Pasaron cosas como que Trinidad Jiménez fue a El Cairo a reunirse con jóvenes para hablarles de la transición española. Lo chistoso es que nadie se lo tomó en serio. Es que no tiene nada que ver. Esto es la anécdota, pero los consejos para hacer las transiciones se deciden en centros de espionaje, entre poderes económicos, entre los hombres fuertes. Intentan reconducirnos en el camino que ellos quieren. El modelo democrático parlamentario europeo es limitado, y no es el único que existe. La justicia transitoria que se hizo en Sudáfrica, en América Latina no se hizo en España, aquí no se juzgó a los militares, políticos y policías que han sido responsables de tortura y asesinatos. España decidió olvidar y un país que decide olvidar no trata bien sus heridas. En Egipto hay miles de crímenes de este tipo. Yo mismo he sido torturado y encarcelado, un oficial que me torturó cara a cara lo iban a poner como jefe de servicios secretos. ¿Cómo voy a creer que un sistema es democrático mientras uno de los cargos importantes es una persona que me ha torturado? Europa aconseja cerrar carpetas, no hablar, no sacar trapos sucios. Si juzgas de verdad crímenes económicos, corrupción, violaciones de derechos humanos, van a salir ahí bancos europeos, empresas, gobiernos. La CIA tenía oficinas en El Cairo para poder torturar, están implicados en secuestros, también los servicios secretos europeos. Nosotros no estamos en una fase de transición, aunque lo decida la comunidad internacional. Estamos todavía en la revolución, no hemos acabado.

¿Qué pasa con los movimientos islamistas que tiene una base social y una legitimidad en el juego democrático?
Usar el modelo islamista bajo la amenaza de que viene el lobo funcionó antes. La guerra de Afganistán estaba preparada, la propaganda era liberar a las mujeres del burka, la situación de las mujeres afganas 10 años después es mucho peor en todos los aspectos. A los países europeos y EEUU no les importa tanto el bienestar de estos pueblos sino los intereses de sus empresas, son responsables de mucha sangre y muchas muertes. Aznar tiene también sus muertos en Irak. Los movimientos islamistas no están en conflicto ideológico real con los intereses occidentales. En Egipto ganaron los islamistas y hay una cara paternalista en rechazar su victoria, la elección de la gente. En Palestina pasó igual, presionaron para hacer elecciones y cuando ganó Hamas la comunidad internacional hicieron el bloqueo sobre Gaza para castigar a los palestinos por su elección. Es un doble discurso. Los islamistas que han ganado las elecciones en Túnez y en Egipto tienen luz verde de EEUU.

¿Tampoco reflejan los intereses de su pueblo?
Los partidos son producto de clases y colectivos sociales, en Egipto gobierna aún la franja más alta de los hombres de negocios, en realidad su fortuna está vinculada a negocios internacionales. Puede ser el partido de Mubarak o los Hermanos Musulmanes, en el fondo no hay un conflicto. Egipto es el segundo país del mundo que recibe ayuda militar norteamericana. Nadie sabe en qué se usa ese dinero. El ejército controla en Egipto el 40% de la economía. Los Hermanos Musulmanes jugaron un papel en la oposición pero luego no tuvieron problema en negociar con los militares y formar parte del régimen.
Cuando se empieza a hablar de desarrollo de verdad y se empiezan a rechazar las recetas del FMI y quieres establecer nuevas condiciones en los acuerdos económicos, entonces empieza el conflicto. En realidad, los grandes grupos de poder, sean cristianos o islamistas no tienen intención de cambiar el sistema de verdad. Si fracasa la revolución van a seguir las cosas igual, sin Mubarak, pero lo mismo.

Entonces, ¿por qué tienen apoyo de la ciudadanía?
Todos sabíamos que cualquier elección democrática en Egipto la ganarían los islamistas porque es una sociedad religiosa, conservadora, y son la fuerza principal, trabajan desde hace años clandestinamente haciendo proyectos de ayuda en los barrios, haciendo hospitales pequeños, colegios, es decir, un trabajo social, tejiendo una red social. Yo no creo que todos los que han votado lo han hecho porque estén convencidos, hubo en barrios pobres intercambio de comida a cambio del voto, autobuses que llevaban a la gente en autobuses para votar. Esto antes lo hacía el partido de Mubarak y ahora lo han hecho los islamistas. Gana quien tiene dinero y quien tiene el discurso fácil, simple. Si eres creyente y eres de clase baja, te dicen que el Islam es la solución, les votas porque crees que va a ser lo mejor. Es una sociedad que ha sido oprimida durante décadas, gobernada por la sangre y por la fuerza.

¿Qué papel juega el pueblo egipcio a la hora de elegir quién va a liderar ese proceso de cambio?
No conozco elecciones democráticas de verdad, ni siquiera en España. Aquí en España por supuesto hay un juego democrático mucho más aceptable que el egipcio pero está establecido sobre quién domina los medios de comunicación y el bipartidismo. Eso es manipulación de la ciudadanía para que sólo elija entre los dos grupos de poder. En Egipto esto está llevado al extremo. La gente está cansada. Hay formas de manipular. Se castigó a la gente para agotar la revolución. Se duplicaron los precios de los alimentos básicos, sacaron de las cárceles 30.000 delincuentes comunes para sembrar el pánico, hubo robos, violaciones, todo tipo de barbaridades para dar miedo y conseguir que la gente se quede en casa. Para hacer que la revolución parezca la culpable de todo esto, este plan funcionó desde el primer día. Mubarak dijo: “Yo o el caos”. Te desgastan y te quedas en casa, quieres estabilidad y maldices la revolución. Hay otro sector activo que entró en política, el que aprendió en la calle que sí puedo derrotar un régimen y conseguir lo que quiero. Sigue activo.

Pero es una minoría…
Es una minoría pero es la carta principal. Sabe con sus movimientos obligar a que haya cambios. En ninguna revolución todo el pueblo sale a la calle, se dice que el 15% de los egipcios ha participado en la revolución. Puede ser incluso menos. Pero el que está sentado en su casa cambia su opinión día tras día.

¿Cuándo podremos decir que la revolución ha tenido éxito?
Cuando se limpie el régimen, haya un proyecto de desarrollo real y haya un proceso de justicia social. En El Cairo puedes estar en una zona de la época de la Edad Media y cruzas una calle y parece que estás en París. Incluso a nivel de costumbres culturales. Zonas muy pobres y otras muy ricas. La revolución sacó todo esto a la calle. Podías ver en la plaza una chica con minifalda y otra totalmente tapada, un obrero de una fábrica y un niño de la calle con un doctor universitario que ha estudiado en París. Todo el mundo está.
 
Fuente: www.21rs.es
 
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