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Crecimiento o justa distribución
miércoles, 09 de noviembre de 2011

Autor:Jesús Renau.

Cuando se notifica que este año quizás el crecimiento económico será muy bajo o nulo parece que tenemos un gravísimo problema. ¡Qué desastre, no creceremos!. Y uno piensa: ¿es verdad esto?

 

Resulta que el mundo actual tiene los medios para buscar soluciones a los grandes problemas humanos. El verdadero problema es dar respuesta al hambre, a la incultura, a la sanidad, a la marginación y a la gran diferencia entre ricos y pobres. Con las capacidades actuales si hubiera un cambio de mentalidad y una decidida voluntad se podría ir con decisión por el proceso de liberación de estas funestas heridas de nuestra humanidad.

Image¿Por qué tenemos que crecer más e ir arriesgando nuestra tierra? Pues sencillamente porque un sector minoritario de nuestra sociedad nunca tiene suficiente. Este sector no sólo impone a los sectores empobrecidos de la humanidad una vida muy dura y terriblemente cruel, sino que hoy en día se encuentra la impresión de que está controlando de propia democracia y la hace ir por el camino de su especulación. El pulso entre políticos y sistema financieros especulativos por ahora parece que cae a favor de estos últimos.

Una distribución justa de los servicios fundamentales como son la sanidad, la escuela y la cultura, una distribución justa de la fiscalidad de forma que quien más tiene más pague por el bien común y la sostenibilidad de la sociedad, es mucho más urgente e importante que ir creciente indefinidamente.

La ciencia y las estrategias económicas están sometidas a la moral y a la ética. Es decir las motivaciones e intenciones de su funcionamiento y de sus decisiones no escapan a la recta conciencia humana. Y la ética señala el objetivo que es EL BIEN COMÚN. Entendemos el bien común el que responde a las elementales necesidades, derechos y deberes de toda persona humana y de todas las personas, sin distinción de raza, sexo, religión y opiniones. Este bien común exige el control por parte de las administraciones democráticas de la marcha de los grandes grupos financieros. Es indispensable la persecución de todo tipo de fraude, de evasión de capitales, de trampas para no pagar impuestos votados democráticamente, de reformas radicales del poder soberano de los estados, de la prohibición de los paraísos fiscales …. etc. y todo ello para poder distribuir con justicia distributiva según la ética más elemental.

El gran problema no es el crecimiento sino la mala distribución de los bienes, servicios y riqueza. Es una situación global profundamente inmoral.

 
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